Me acogiste en tu seno
dándome soporte de vida,
intensamente a ti unida
sumergida en tu mar sereno.
Una vez esa etapa cumplida
el instinto hizo inquietarme
y me impulsó a acomodarme
para encontrar la salida.
Gracias a tu enorme esfuerzo
vi la luz de mi primer día,
tu bello rostro que no conocía
y fueron tus brazos mi refuerzo.
Fuiste generosa en cuidados,
con dulces cantos para dormirme,
siempre dispuesta a sonreírme
y calmando mis llantos desolados.
Compartimos muchas vivencias,
buenas y no tan buenas,
pero mi corazón no tiene penas,
pues la vida tiene esas exigencias.
Pueden las circunstancias alejarnos
pero un fuerte lazo nos une
y su latente llamada nos reúne,
para solo así aliviarnos.
Ahora compartimos nuestras experiencias,
una de la otra siempre aprendemos,
nos respetamos, perdonamos y queremos,
siendo madre, un pilar de mi existencia.
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