No naciste en cualquier momento,
sino cuando más te necesitaba.
Cuando te vi por primera vez,
hizo brotar de mis poros
la alegría más absoluta.
Y me hipnotizaste, no solo a mí,
sino a cualquiera que te observase.
Tu llanto era un desierto
pero tu sonrisa un oasis.
Besar tu fresca y dulce piel
fue como beber
de las aguas de la eterna juventud.
Cogerte en brazos y abrazarte
fue como recibir un soplo de vida.
Yo soy tu hada madrina
gozosa de cumplir tus deseos,
la que te canta una nana
con voz de sirena,
la que espera,
impaciente y orgullosa el poder ver,
cada uno de tus pasos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario