sábado, febrero 10, 2007

PADRE Y MAESTRO

Te llegó tan dura labor
en una edad temprana
que aguardabas con buen sabor
mi llegada ya cercana.

Nada más verme nacer
temiste mi fragilidad
pero en ti comenzaba a florecer
una inmensa felicidad.

Eras el que guiaba mis pasos,
el que me levantaba tras caerme,
el que me hacía superar mis fracasos
y el que siempre acudía a socorrerme.

Pocos como tú conocen la sabiduría de la vida,
pocos los que aprenden de sus errores,
pocos de un noble corazón con tanta cabida
y pocos los que no conocen temores.

Fue el plan de la vida tan siniestro
y lo supe afrontar cogida de tu mano
y es que no pude tener mejor maestro
y bien de agradecer tan grandioso soberano.

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