A la cálida luz del candelabro
diviso tus ojos no humanos,
con un ansia que roza lo macabro,
me acaricias con tus gélidas manos...
no quiero perderme en tus palabras,
ni en el influjo de tu mirada,
me niego a seguir la luz que marcan tus pasos.
Las rosas negras que adornan
tu blanco y largo cabello,
punzantes espinas las colman,
ver sus lúgubres pétalos, puede ser lo más bello...
no quiero perderme en tus palabras,
ni en el influjo de tu mirada,
me niego a seguir la luz que marcan tus pasos.
Mi atormentado corazón se aflige
pensando en dejarlo todo,
resignarme a saber que no se elije,
y que, a mi pesar, se hará de igual modo...
no quiero perderme en tus palabras,
ni en el influjo de tu mirada,
me niego a seguir la luz que marcan tus pasos.
Me arrastras al mundo de las sombras,
una morada demasiado inhóspita y eterna,
consciente de que, con tu mera presencia asombras,
vas poblando de víctimas, hasta las más tierna...
no quiero perderme en tus palabras,
ni en el influjo de tu mirada,
me niego a seguir la luz que marcan tus pasos.
Me has despojado de lo conocido,
sin ningún arrepentimiento,
atrás he dejado lo amado y lo temido,
para dejar paso, al olvido de mi sufrimiento...
no quiero perderme en tus palabras,
ni en el influjo de tu mirada,
me niego a seguir la luz que marcan tus pasos.
1 comentario:
¡ME GUSTA! Sólo dos cuestiones: 1. El título. Según el poema y lo que he interpretado (alguien muere y la muerte lo recoge) no sé a qué va a estar la muerte enamorada, salvo que esté enamorada de todos nosotros.
2. El "estribillo". ¿Por qué rima todas las estrofas menos estas?
Pero reitero, me gusta, sobre todo el cierre
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