En un lugar inhóspito
donde la muerte mora,
cae la noche
y se cubre con resplandor mora,
se enciende a la oscuridad
una permanente vela,
para recorrer los senderos
por los que la valentía vela,
a los insistentes miedos
se les alza la copa,
observados de cerca
por el búho aninado en la copa,
se envenena el aire,
se escuchan alaridos hielo,
se cubren de escarcha
los riachuelos de hielo,
se enfría el bosque desolado,
lo empaña la niebla como tela,
salen los murciélagos de sus cuevas,
juegan las arañas en su tela,
asoma el erizo de su madriguera,
aparece la enigmática lechuza,
acecha el instinto de supervivencia,
en todos prevalecen ojos de lechuza.
Es cada noche
como una blanca hoja,
que pretende ser escrita
mientras el árbol se queda sin hoja,
se resiente esta naturaleza muerta
en su permanente dolor,
evoca a la extinción,
se adentra en un hondo dolor.
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