Uno se regocija en el hecho
de tu inminente llegada,
abrumado por la luminosidad
plasmada en los paisajes,
con un brillo tan deslumbrante
que se acerca a la alevosía,
resurges pletórico de tu letargo,
desde antaño se te rinde pleitesía.
Se presenta impasible
el deseo de despojarse
de la mermante tristeza,
de la incesante angustia
del estancamiento en lo sombrío,
apremia dominante
el cálido abrazo del estío.
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