miércoles, julio 14, 2010

VEREDA DE SOL

Asoman los primerizos destellos
al despuntar el alba,
florece el amanecer
tras la noche malva.

Muestras el resplandor
que obnubila,
descubres el cálido candil
que en tu interior se perfila.

Tornas la leve luz
en llama que calcina,
aparece por doquier
hasta que el día termina.

Arde cándida en sí misma
como vela que impera,
hasta que se consume
en la nada imperecedera.

Eclipsas las tinieblas
que presencian tu fulgor,
observan perplejas
con un entusiasmado fervor.

Regalas un brillante faro
que la sonrisa ilumina,
marcas el rumbo
de la pena que se fulmina.

Prenden tus rayos
la fragilidad de lo etéreo,
se abrasan en la inmensidad
del medio aéreo.

Brotan tus reflejos
en inusual cadencia,
salen despedidos
en fugaz luminiscencia.

1 comentario:

Juan Andrés dijo...

Mi más sincera admiración por esta pareja de poemas que nos has ragalado. Y señalarte la dificultad de las rimas elegidas que, pese a todo, calzan con una sorprendente naturalidad dentro del poema. Por mi parte, poetisa, aplausos, vítores... yo que sé