Portan los abrazos
al súmmun de la ternura,
como un ocaso
que libera la atadura.
Trasladan los besos
al mágico ensueño,
como perseidas
que envuelven un sueño.
Llevan las caricias
a la cúspide placentera,
como un renacer
en manos de la primavera.
Encamina el roce
al deseado contacto,
como un infierno
que abrasa el tacto.
Guían los deseos
al encuentro de uno mismo,
salvan a los sentidos
del profundo abismo.
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