El aroma de la pureza
se desprende del azahar
y su creación evoca
el arte de alfahar.
La fragancia de la belleza
se conserva en la flor de lis
y se perpetúa su encanto
en las delicias de anís.
El perfume del amor
se deshoja en una margarita
y se adivina el influjo
de los pétalos en los que se deposita.
El olor que embelesa
se esconde en una ambrosía
y se corresponde
en el afán de la pleitesía.
La esencia de la vida
se alberga en una rosa
y desencadena la pasión
en su forma más hermosa.
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