Amén al supuesto feliz día,
que debe ser hasta la muerte,
todo es aparente alegría,
todo un festín que fomenta el derroche,
adornado con pinceladas de alevosía,
todo parece idílico
cargado de toques de hipocresía.
El amor en sus comienzos
puede ser todo paz y armonía,
nadie espera que se vea truncado,
hasta que acaece lo que nadie predecía,
la decepción del que se cree el verdadero amor,
hasta le parece al subconsciente una herejía,
algo para lo que no se está preparado,
algo que nadie esperaría,
donde los sueños se hacen añicos,
donde la felicidad emana baldía.
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