Cuando la llama del amor se debilita,
para irremediablemente apagarse,
cuando la flor del amor marchita,
de indiferencia comienza a perfumarse.
Cuando la espesa rutina prevalece,
no deja más rescoldo que desidia,
cuando el diálogo enmudece,
todo idílico romance se envidia.
Cuando es más insignificante el amor que la apatía,
amor y odio se equilibran,
pasar página deja paso a la armonía,
cuando la sensación de vacío y tristeza quiebran.
Cuando el fruto del desamor,
deja la secuela de la desconfianza,
se cumple el mayor temor,
la felicidad en la mentira no se afianza.
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