Para bien o para mal, no se elige,
sino que va ligada desde nuestro nacimiento,
debe ser un amor incondicional,
en el que no debería tener cabida el remordimiento.
Es un cariño que nos abraza,
que nos arropa, que nos consuela,
una guía, un aprendizaje,
cuya añoranza es su mayor secuela.
Suele ser una ayuda que no defrauda,
una fuerza ante las adversidades,
un sentimiento de arraigo,
un fruto de casualidades.
Puede ser una unión de lazos tan fuertes,
que ante su inesperada ausencia,
cause el dolor más profundo, más hiriente,
pero ha de ser la aceptación la obligada consecuencia.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario