La eternidad nos espera,
se doblega ante nuestra presencia,
baila al compás de nuestros susurros,
araña el universo y su esencia,
palidece ante tal esfuerzo,
pero aviva su latir en cadencia.
La eternidad nos observa
sin pestañear, impasible,
nos permite alcanzar
lo que otros intuyen imposible,
nos permite atisbar el infinito
en su regazo apacible.
La eternidad nos agasaja
con un cielo de estrellas colmado,
con liberarnos del peso del tiempo
con el sentimiento en nuestro rostro dibujado,
con un amor eterno
para otros tan solo soñado.
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