Hilán empezó explicando que una gran amenaza se cernía sobre su planeta, ya que los habitantes de Egnar, una de las lunas diamante de su planeta Mantix, le habían informado de que uno de ellos había visto no muy lejos de la zona a una Niala.
En un primer momento todos dudaron de que fuese cierto, puesto que la existencia de las Nialas, solo formaba parte de las leyendas de los manuscritos antiguos en parte de los mundos de Khal. Pero por otra parte tampoco querían que los seres de Mantix y los de sus lunas, se pudiesen ver desprotegidos ante un inminente ataque.
Según los escritos, las Nialas, habitaban el planeta Thalin. Un mundo formado por roca, roca que desprendía tal calor que parecía el mismo infierno, en contraste con Pholix, su luna de hielo.
Eran una raza de guerreras. Unas mujeres bellas pero temibles por su ambición de conquista, tales como podían ser los Thanox, pero éstas más hábiles en la estrategia. Guerreras, pero no rudas ni bastas sino muy atractivas. Su cuerpo lo cubrían con una armadura metálica brillante, excepto sus muslos, cabeza y parte de su pecho. Sus largos cabellos descendían hasta sus pies y cada Niala lo solía tener de un color diferente, según sus méritos en batalla. Las de mayor rango tenían el cabello morado, las de medio rojo y las de bajo azul. Las que todavía no se habían incluído en los grupos de combate podían lucir el color de pelo a su elección. Lo que más las distinguía eran las alas negras que sobresalían de su espalda, similares a las de los murciélagos y que les permitían conocer gran parte de su universo.
Sus armas en la batalla era un escudo en su mano derecha y una espada forjada con aleación de Candor y Mir, al igual que las de los Thanox. La espada era llamada Mendir y se contaba que si su filo era reflejada con los destellos de la luna Pholix, que no había nada más deslumbrante en todo Khal. También quedó escrito que eran sanguinarias y que disfrutaban lamiendo con su propia lengua la sangre que cubría el filo de su espada, tras una contienda. La batalla más pretérita que se encontraba en su haber, era contra los Noix. Al parecer las tenían sometidas como sus concubinas y éstas ansiaban su libertad. Sabían que podían ser autosuficientes, sin necesidad única y exclusivamente de saciar deseos carnales o sentirse como meras incubadoras de sus vástagos.
Por lo que un día se unieron para enfrentarse a los, para ellas, tiranos Noix. Con su destreza en las armas y su determinación, consiguieron huir de ellos y volaron en bandada muy lejos, para solo así, ser recordadas en los escritos y siendo un misterio su paradero.
Los Noix contaron a los Mods, que existieron sus Nialas, que no solo formaban parte de las leyendas, sino que sus antepasados aseguraron que antes de alcanzar su inmortalidad, ellas traían la descendencia de su especie. Inmortalidad que fue concedida por el mago Arax, del planeta Ergimon.
Al Os comunicar esto, todos los allí presentes, entendían que había un motivo más que real para temerlas, en especial, las protectoras de Mantix y los habitantes de sus lunas. Tan solo quedaba la incógnita del por que de aquel objetivo.
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