Desearía no volver a ver
la clara luz del día
cada vez que me quedo dormida
entre tus gruesas ramas
y respirar tu aire esperanzador y balsámico
sin el que me moriría,
relajarme viendo las libélulas
desplegando sus precisas alas,
bebiendo de las aguas diamante
que emanan de tus manantiales,
refrescarme confortablemente
bajo tu manto de cascadas,
para poder recuperarme dulcemente
de todos mis males.
Y cautivada por tu embrujo
adentrarme en la fantasía del ensueño...
intento ocultar mi desnudez
con hojas que se desprenden
de tus tímidos árboles,
adorno mis largos cabellos
con flores de nenúfar
humedecidas por el rocío
y cada vez que mis pies descalzos
pisan tu firme tierra,
siento un inmenso escalofrío
que recorre lentamente
mi rejuvenecido cuerpo
pues que mejor gozo
que tus encantos.
No debes preocuparte
porque ya sabes que soy tu fiel ninfa,
la que vela por preservar
tu eterna belleza
evitando que causen daños
a tu calculada sutileza.
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