Surge la luna como crisálida
bajo lágrimas diamante,
tus ojos atisban el firmamento,
un beso logra alcanzarlo,
en la frondosa lejanía
se desvanecen tus pasos.
En la profundidad del olvido
no te hallo,
tu recuerdo sigue vivo,
antes de vislumbrar el alba
te añoro,
dejas mi corazón turbado.
En el más recóndito paisaje,
tengo la certeza de lo incierto,
en mis sueños soy consciente
de todo lo que no podrá realizarse,
me invade la desesperanza
entre doseles de niebla.
La noche más clara
es la más eterna,
el bosque es testigo,
las estrellas brillan con más fuerza si cabe,
una caricia concentra el infinito
colmada de gozo.
Los árboles se inclinan, se estremecen
en nuestra presencia,
nos encuentra el amanecer
sin más abrigo que el de nuestro abrazo,
el trino de un pájaro nos despierta
bajo su mirada vigilante.
El estanque con destellos de plata
nos llama a sumergirnos,
sus aguas mecen nuestros cuerpos
con la suavidad más placentera,
surge el sol cada día más fulgente
bajo infinitas posibilidades.
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