lunes, agosto 27, 2012

EN LOS ALBORES DEL TIEMPO

     UN NUEVO COMIENZO

A todos los seres de Agia, incluso a sus dioses, Ocro y Ori, les esperaba un universo por descubrir. Atrás quedaba su morada por tantas generaciones.

Agia se revolvió en sí misma, para obligar a sus habitantes a una marcha forzada. A nadie se le pasaba por la mente regresar para comprobar en lo que había abocado la destrucción de Agia, sin duda cabía pensar que había dejado de existir, que se habría quedado ese universo reducido al vació más absoluto.

Lo que sí pasaba por la mente de todos, al ver desde sus naves, los nuevos mundos que se vislumbraban en la lejanía, sus formas y colores, donde todo estaba por explorar y conocer, su mayor inquietud era encontrar un nuevo hogar. Por lo pronto, daban por hecho que sus naves tendrían suficiente soporte vital para su sostento durante meses.

El primer mundo que divisan es de forma cúbica, no ovalado como sus antiguos mundos, su color era metálico, era una estructura que abarcaba grandes dimensiones, en la que se distinguían muchos angares y habitáculos. A todos soprenden estas nuevas formas, éstas a sus ojos, parecían trazos caprichosos de un universo que distaba mucho del suyo.

Los primeros que no se demoraron en dirigirse a la misma, fueron los Orix, su curiosidad era mayor que su miedo a lo desconocido. Los demás Dioses, parte de los seres Orix, Dogos, Modianos y Akonianos, prefirieron esperar pacientemente su regreso antes de aventurarse.

Los Orix llegaron a esa estructura inmensa. Pronto descubrieron que era artificial, que aquello había sido creado por una raza lo suficientemente avanzada como para crear su propio mundo. No había tráfico de astronaves, todo estaba envuelto por un silencio ominoso que estremecía, pero todo estaba intacto, toda la construcción estaba entera e impoluta. Parecía estar simplemente abandonada. Por lo tanto creyeron que era un buen lugar para establecerse.

Era una halagueña noticia para los Orix, ya que veían solventado su propósito de encontrar un hábitat adecuado a sus necesidades imperiosas de asentarse. Dieron aviso a los demás Orix, a los antiguos que habían permanecido en sus naves y a los nuevos suspendidos en el espacio. Pero no solo los Orix encontraron cobijo, ya que, ofrecieron a los Dogos la tentadora propuesta de que se quedasen con ellos, porque serían de gran ayuda a la hora de que los nuevos Orix emprendiesen largos viajes a lomos de ellos para emplearlos como medio de trasporte.

Los demás seres continuaban pues su búsqueda. Pronto divisan un mundo inmenso, de color blanco anacarado, brillante y transparente, que dejaba entever algo latente en su núcleo, rodeado por material candescente que emanaba un calor abrasador. Era como si ese líquido ayudase a incubar a lo que albergase en su interior.

Fueron en esta ocasión los Akon, con sus naves capacitadas para soportar altas temperaturas, los que se acercaron para penetrar en su núcleo y explorarlo. Lo que allí se encuentran son unos seres con forma de gusano, de color rojo anaranjado, tenían una cola a modo de flagelo que les ayudaba a desplazarse y su boca estaba provista de una protuberante mandívula formada por dos tenazas. Flotando en el líquido del núcleo había restos de mudas de piel, por lo que, era de suponer, que esos seres recientemente se habían transformado. Parecían jóvenes, por tanto era probable que no tuviesen mucho tiempo de vida. Emitían además extraños sonidos con los que parecían comunicarse. De hecho, estos seres no tardaron en agruparse y rodear las naves Akon. Seguidamente abrieron sus bocas y emperazon a explusar un líquido verde y muy espeso, que pronto terminó por cubrir las naves y empezar a corrosionarlas pese a sus escudos.

Así que, era evidente que, estos seres a los que los Akon llamaron Kornos, eran hostiles, ya que les invitaban a irse, claro que también, era lógico que se sintiesen invadidos y atacados, por lo que, sencillamente arremetiesen contra aquellos objetos que parecían querer ocupar su espacio, un espacio, que no estaban dispuestos a ceder. Los Akonianos no se rigieron por el segundo motivo sino por el primero, lejos de irse, decidieron egoístamente eliminarlos disparando cañonazos de Ang sobre ellos, adueñándose así de su morada. En conclusión, pudo más su necesidad de instalarse en aquel mundo tan perfecto para ellos, que la compasión por aquellos seres.

Los Akonianos informaron a los demás que iban a poblar aquel mundo, pero no contaron de que forma tan mezquina se habían apropiado de él. La nueva generación de Akons era apacible, pero pudo más su afán de supervivencia que su benevolencia.

Quedaban pues, los Dioses y Modianos pendientes de encontrar un hogar. Pasados unos días no tardaron en atisbar una gran nebulosa negruzca a la que se acercaron a investigar. Flotando en su interior había unos entes con los que Ocro y Ori deciden comunicarse. Éstos se identifican como los Noix. Su apariencia era tanto bella como terrorífica. Su rostro era hermoso, rodeado por un cabello negro largo y liso. Eran seres con cuerpo humanoide, perfecto en su anatomía. Desprendían un aura que embelesaba. Poseían unas grandes alas que salían de su espalda, alas negras cubiertas por plumas que suavemente plegaban y replegaban para mantenerse suspendidos  en aquella inmensa oscuridad. Sus ojos eran negros como la noche, sus orejas largas y puntiagudas. En su cabeza, en la parte frontal, tenían dos pequeños cuernos y otros dos en la parte posterior, gruesos y ondulados. Éstos últimos rasgos le conferían un aspecto siniestro y demoniaco. Sus cuerpos estaban cubiertos por prendas sedosas y mínimas, lo justo para cubrir sus partes pudientes. Tenían al igual que los Modianos, el don de permanecer siempre jóvenes hasta que les sobrevenía la muerte.

El líder de los Noix, contó a los Dioses que sus antepasados habían sido dos razas distintas. Estaban los seres con aspecto humanoide y alados y otros con aspecto también humanoide, sin alas, con puntiagudas orejas y con cuernos. En el pasado estas razas se habían apareado entre ellas, dando lugar a los Noix que tenían ante sus ojos. Les cuentan también que hace tiempo, esos entes, habían visitado un planeta azul muy lejano, en el que los seres de apariencia angelical habían sido venerados y los de apariencia demoniaca, temidos.

Los Noix decían tener curiosidad de conocer aquel mundo. A sus mentes habían sido transferidos muchos conocimientos de sus ancestros, pero no los mapas y rutas que llevaban a aquel planeta.

Los Dioses contemplaron a aquellos seres y su negruzca morada y no creyeron que fuese un buen lugar para quedarse. Sin embargo los Noix les pidieron encarecidamente que se quedasen con ellos. Añoraban a sus poderosos antepasados, fueron como dioses que guiaron a las anteriores razas y que les honraban y complacían con ofrendas y oraciones. Estos nuevos Noix se veían perdidos, sin motivaciones ni aspiraciones, carentes de estímulos en sus monótonas e insulsas vidas, sentían la necesidad de tener nuevos dioses, a los que estaban dispuestos a adorar y rendir culto. Por lo que, Ocro y Ori se vieron abrumados por tales deleites y aceptaron permanecer con ellos.

Los Modianos continuaban su viaje por aquel universo foráneo. Tras varios meses, divisaron desde sus naves unos colosales fragmentos suspendidos en el espacio. Su apariencia era rocosa y sus colores, una explosión que abarcaba la gama de amarillos a verdes. Verdes, que dejaban entrever una densa vegetación, que cubría gran parte de aquellas grandes masas flotantes. Los Mods amantes de la belleza, veían absortos aquella vasta flora. Algo desconocido para ellos hasta ese momento, por lo que, aquel festejo de formas y colores, embriagaba sus sentidos y les transmitían una confortable calma.

Así pues, les embargaba una gran satisfacción al ver que aquel enclave era perfecto para su asentamiento. Pero cuando daban por supuesto que aquellas rocas estaban deshabitadas, algo o alguien empezaba a asomarse de entre los matojos.

Por tanto, quedaban  pausibles y desconcertantes incógnitas. ¿Estaba realmente abandonada la estructura en la que se habían instalado los Orix y Dogos?, ¿No tendría ninguna consecuencia para los Akon haber exterminado a los Kornos?, ¿Volverían los Noix al planeta azul? y por último, ¿Quiénes o qué había en la inmensa vegetación de las masas rocosas flotantes?.








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