viernes, noviembre 02, 2012

EN LOS ALBORES DEL TIEMPO

      VENGANZA

Los Mods seguían inmersos en descubrir qué se ocultaba en la densa vegetación de aquellas porciones de mundos que se mantenían suspendidas en el amplio espacio. Sus ojos se mantenían clavados a los ventanales de sus astronaves, intentando discernir que asomaba de entre los matorrales.

Casualmente es Os, quien divisa a lo lejos, lo que parecía ser una planta con formas femeninas, que además se movía. No solo observa estupefacto como en la distancia, se dejaba ver una forma de vida, nueva para los Modianos, sino que además tenía vida propia. Era para él, el summum de la belleza, solo deseaba contemplar de cerca, lo que consideraba placer hecho forma. Por lo que, junto con los que estaba en la nave, la dirigió hacia un claro de aquel extraño mundo y aterrizó. Descendió de la misma y se aproximó a aquel ente. Más de cerca, Os podía intuír la sensibilidad de aquella perfección. Era un ser con forma de mujer, pero que guardaba detalles morfológicos más que identificables, con la etiología de un vegetal. Su piel era verde, su cabeza estaba colmada por una gran hoja a modo de turbante, que albergaba en su interior millones de semillas. De su espalda sobresalían dos ramas semejando alas. Su torso estaba desnudo, solo de cintura para abajo, la vestía una pomposa falda hecha con hojas.

Os quiso enseguida ponerse en contacto telepático con aquella criatura. Usó ese método porque en todo ese tiempo, aquella naturaleza no parecía emitir ningún sonido con el que poder comunicarse. Para su suerte, sí pudo de aquel modo, mantener una conversación con aquella forma. Os se presentó y ésta se identificó como Dala, la líder de todas las hermanas Tolgi. Dala las nombró como sus hermanas, ya que todas eran mujer-planta, no había varones conviviendo con ellas. Así que su modo de reproducción era mediante las semillas que portaban adheridas al interior de sus turbantes. Cuando pasaban diez años Khalis, ya que su universo era llamado Khal, el turbante se abría y aquellos millares de semillas caían a la tierra fértil. No obstante, Dala y sus hermanas, durante sus primeros años, dos años Khali en concreto, permanecían enraizadas al suelo. Transcurrido ese tiempo, sus raíces tomaban forma de pies y podían deambular por sus mundos esparciendo las semillas que caían de sus turbantes.

Os, pese a estar obnubilado por aquella ambrosía, reparó en que su gente necesitaba un hogar y aquel era un enclave perfecto, un oasis en el frío univero Khal. Así pues no se demoró en pedir cobijo a Dala para su pueblo. La generosidad de ésta era proporcional a su encanto, ya que no puso ningún impedimento.

Entretanto los Orix y Dogos habían estado felizmente instalados en la estructura cúbica metálica. Hasta que un día, vieron como una flota de naves también metálicas, con forma tubular, se acercaban hacia ellos. Eran idénticas en su exterior a aquella estructura, solo que en menores dimensiones, es decir, ese mundo en realidad era una nave nodriza. Esas naves fueron entrando en los angares y seguidamente salió de una de ellas, un ser robótico, que se identificó como Nuk, de la raza Naghum. El color que presentaba era gris metálico. Su cabeza era redondeada en contraste con su cuerpo cuadrado, del que salían dos largos brazos que terminaban en pinzas y a modo de piernas, una rueda que le permitía desplazarse.

Nuk se mostraba muy enojado por el hecho de que se hubieran apoderado de su nave. Tan enfadado estaba, que no tardó en ordenar a sus congéneres que encarcelasen a los Orix y a los Dogos. En días posteriores se sucedieron torturas y vejaciones. Tanto fue así, que muchos de ellos perdieron la vida por el maltrato recibido. Los que seguían vivos, preferían la muerte, pues apenas podían mantenerse en pie. Uno de los que seguía con vida, el líder de los Orix, se puso en contacto telepático con Os, pidiendo ayuda.

Os comentó a Dala tal petición. Dala le explicó que la raza Naghum, era una de las más temidas del universo Khal. Eran tiranos que valiéndose de su tecnología aniquilaban mundos enteros, tan solo por su codicia. Su afán por conseguir materiales para sus artefactos no tenía límites.

Dala le hizo a Os un importante regalo antes de su marcha. Una sustancia roja llamada Len, que emanaba del subsuelo de su mundo y que solía estar localizada a los pies de los árboles. Era un líquido muy valioso, pues era capaz de inhabilitar los circuitos de los Naghum.

Cuando parte de los Modianos, estaban frente a la estructura metálica con sus naves. Los Naghum les sorprendieron con una sucesión de astronaves, ya que habían detectado con mucha antelación su presencia en los radares. Algo que no anticiparon los Modianos, que creían contar con el factor sorpresa. La sustancia que había regalado Dala a Os era muy valiosa, pero no dentro de la nave, debía conseguir que aquellos droides fuesen salpicados por la misma.

Mientras tanto, los Mods y los Naghum estaban inmersos en una batalla campal, en la que los disparos ensorcedían al mismo universo. Muchas cosmonaves eran destruídas, quedando así inutilizadas y derivadas a ser mero escombro espacial. Fue laboriosa la lucha entre ambos bandos y con incontables pérdidas, pero finalmente los Mods habían logrado destruír casi toda la flota contraria, pudiendo así entrar por los angares de la nave nodriza buscando a los Orix y los Dogos presos. Cuando dieron con ellos, los llevaron con mucho cuidado hacia las naves, puesto que estaban muy débiles y lanzando el Len a los robots que encontraban a su paso.

Una vez todos a salvo en las naves, irían rumbo al mundo de Dala, abusando de nuevo de su generosidad, para ver si podía dar asilo a estas nuevas razas. Pero cuando llegaron, tanto los Mods, como los Orix, ya que los Dogos no se percataban del todo, puesto que eran como mascotas sin demasiada conciencia. Se quedaron de piedra al ver como estaban aquellos pequeños mundos a su regreso.




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